"AMISTADES DIFÍCILES"


                                                                           
Cuando has sufrido abusos, tu percepción de la amistad, igual que la del sexo se altera. Aprendes a desconfiar, no a confiar, haces el proceso a la inversa. En vez de hacerte mayor y a través de las decepciones ir desconfiando, ocurre al revés, de antemano ya desconfías y después te toca aprender lo contrario. Lo cual es más complicado.

Hace un par de meses, cuando aun estaba registrada en el facebook, encontré a dos chicas de mi clase, de las pocas, poquísimas que valían un poco la pena. Con una de ella llegamos a ser íntimas, pero a raíz del abuso como ya he explicado en otros posts, me convertí en una niña muy introvertida, sola y aislada y dejamos de ir juntas.
Me alegré mucho de encontrarla, y ella a mi también, y me confesó cuando le pregunté si había sido consciente del maltrato al que me sometían las demás compañeras, me dijo que no, pero que sabia que yo escondía un gran secreto.

Me pregunto cuantas más de esas compañeras, las que si me maltrataban, son a día de hoy conscientes del daño que me hicieron y lo mal que se portaron conmigo. Ninguna ha sido capaz de dirigirme ni la palabra, tan solo una, a la que yo nunca le comenté nada, porque si me hablaba, deduje precisamente por la actitud de las otras, que ella era verdad que no lo recordaba.

A los 15-16 años, tuve un par de amigas íntimas, que no se llevaban bien entre ellas, así que me repartía entre las dos. Acabados los dos años de academia, no nos vimos más.
Una vez ya casada con mi primer marido, y debido a mis múltiples salidas nocturnas sin el, iba con un grupito de amigas, o creía que lo eran. No se que problema tenían conmigo, pero siempre las mataban callando, hasta que un día fueron diciendo por toda la discoteca donde solíamos ir, que mis padres tenían VIH, (lo sabían muy pocas personas) y nadie se me acercaba. ¡Ya ves tu que gilipollez!!!
Un chico me lo comentó al verme allí sola: -"mira que van diciendo tus amigas por la discoteca".
Me fui y las llamé para hablar con ellas. La muy estúpida que lo empezó, encima se jactaba de que ella tenía padres y yo no, que yo no vivía con ellos, que era un bicho raro. Que ella tenía mucha más suerte que yo porque tenía a sus padres.
Con los años, supe que su padre se había quedado invalido y posteriormente había fallecido. No es que me alegre, ¡por supuesto que no!, pero en esta vida nunca puedes dar nada por hecho. Ni lo bueno, ni lo malo.
Me supo tan mal, me llevé una decepción enorme, porque encima las otras tres secuaces no me defendieron y siguieron con ella. Rompí con ellas, evidentemente.

Nunca más he vuelto a tener amigas íntimas. Creí por un par de años, con unas compañeras de trabajo, que podríamos llegar a tener una buena amistad, pero entre mi vida ya de por si inestable y la de ellas que tampoco se quedaban cortas, fue un fracaso y al final todo quedo en nada. He perdido la fe en las amistades, ni femeninas, ni mucho menos masculinas. No hay nadie ,salvo mi marido, con el que pueda hablar y me escuche, me preste atención, que esté cuando le necesito.

Estoy decepcionada en este ámbito de mi vida. Además, llevo casi dos años en una provincia que no es la mía, lejos de donde viví siempre, y aquí no conozco a nadie salvo de hola y adiós a la entrada o salida de los niños en el cole.
Se echa mucho de menos poder hablar con alguien femenino de tu a tu. Ya me he resignado con esto.