¡ESAS TARDES DE VERANO!



                                                                               
Alguien me habló del arroz con leche.
De repente, me vino a la mente, esas tardes de verano, con trece años, sentada en el sofá, viendo alguna serie de sobremesa y esperando que viniera la chica para darme la clase de repaso de mates, que me quedó para septiembre. A pesar de lo mucho que bajaron mis notas esos tres últimos años, como consecuencia del abuso, ese último curso solo tenía una para septiembre.
Era como un ritual, comerme el arroz con leche que hacía mi abuela, delicioso, fresquito  y que guardaba en la nevera. Con un poquito de limón, de canela, ¡delicioso!.
¡Después ya podía enfrentarme a las odiosas matemáticas!. ¡Y es que yo soy de letras, letras!.
La comida, al margen del problema que tuve yo posteriormente con los trastornos alimentarios, forma parte importante de las vivencias de una persona, de acontecimientos especiales. o rutinarios, que con los años, se convierten en recuerdos imborrables sin saber bien bien porque..
Esas tardes de viernes, con el fin de semana por delante, que tocaba bocadillo de tortilla, o de merluza. 
¡Con que placer me lo comía!
¡Quien me iba a decir que para nunca haberme fijado conscientemente en como cocinaba mi abuela, después me saliera tan bien y tan parecido a como ella lo hacía!!! ¡Me encanta cocinar!
¡Ojala pudiera verlo! 
¡Estaría muy contenta de ver que, a pesar de esas negativas mías a permanecer allí de pie, observando y aprendiendo, su cocina se perpetua en mi persona!
Los sentidos, cualquiera de los cinco que tenemos, son herramientas imprescindibles a la hora de forjarnos recuerdos para toda una vida.