CUANDO ELLOS MISMOS SE DESTAPAN.



El día que decidí hablar, bueno mejor, el día que me atreví a comentar a una persona de mi familia lo de mis abusos, en el año 2008, fue por teléfono y con un matiz que con el tiempo, no deja de sorprenderme.
Esa persona llamó a casa y mantuvo una conversación conmigo en principio banal. Pero al rato, esta se fue convirtiendo en algo más personal y me vi con suficiente valor como para soltarlo.
El trocito de la  conversación en cuestión fue así:

Familiar:  -Claro, es que la vida es muy complicada.
Yo:          -Es que me pasó una cosa con el abuelo.
Familiar:  -¿No me digas que abusó de ti?

Aquí es donde yo me pregunto: ¿Como sabia lo que iba a decirle? ¿Acaso lo pasó ella también? ¿O  acaso estaba al corriente o sospechaba  lo que estaba sucediendo?
Al contestarme esa pregunta/respuesta con tanta contundencia, me quedé extrañada y aliviada a la vez.
Pero en ese momento, reconozco que fue la sensación de alivio la que ganó la batalla.
Al cabo de los meses, cuando esta misma persona, al volver yo a sincerarme con algún miembro más de mi familia, con ella presente, y negarlo todo rotundamente, la sensación de extrañeza y sospecha se apoderaron de mi.
¿Como das por sentado que era eso lo que me había pasado con tanta seguridad? 
¡Podrían ser mil cosas las que me podían haber sucedido con mi abuelo y no precisamente, la primera que te viene a la cabeza, si nunca has oído hablar de eso en la familia, son  los abusos!.
Para después negarlo acaecidamente, llamándome mentirosa delante de todos. Incluido mi marido que fue testigo de las dos conversaciones.
Estoy casi segura, ya no solo por este motivo, si no por otros muchos factores de sus vidas y comportamientos de que algo oscuro y escondido existe también en sus pasados. 
¿Que no quieren reconocerlo? Es su problema desde luego, pero que no me acusen de mentir a estas alturas, cuando ni el propio abusador sigue ya en este mundo. 

Ellos han sido participes de toda la hecatombe que he tenido por vida desde que sufrí los abusos. 
Participes, cómplices e instigadores en muchos de los casos. Quienes de verdad se están mintiendo a si mismos, son ellos, no yo.