"CICATRICES QUE NO SOLO MARCAN TU PIEL"


Esta cicatriz es física como puede verse. El resto de las que tengo, son psicológicas y emocionales.
Esta es un recuerdo de mi tía y mi abuela, con la que vivía, la que me hizo de "madre", la que sabia que su marido, mi abuelo, estaba abusando de mi.
La que callo y no dijo nada.
La que silencio todo el abuso por el que dirán, por que no se me llevaran. Después de tantos años luchando para obtener mi custodia, ¿como iba a arriesgarse a que le arrebataran su preciado trofeo? Eso era inconcebible.
El nombre de la familia se vería manchado con letras mayúsculas de INCESTO.
Prefirió permanecer al lado de mi tía, la que me rompió la botella en la cabeza en cuestión de dos segundos.
Porque si, porque le dio la gana.
Porque podría haberme matado perfectamente.
No tuvieron esa suerte. Hubiera acabado su pesadilla, su conciencia hecha persona que ya no calla lo sucedido.
Prefirió que yo me fuera sola al hospital, que saliera a la calle con la cabeza abierta, con la cara ensangrentada y descompuesta por el shock y la camiseta tiñéndose de rojo por momentos.
Prefirió que cogiera un taxi y tuviera que ir sola al hospital donde me preguntaron que había pasado.
Donde interpuse una denuncia y donde me aplicaron cuatro o cinco puntos para cerrarme la herida.
Prefirieron quedarse en casa, la una en brazos de la otra y yo SOLA, como siempre estaba. Esperando una protección que no llego, un refugio que no encontré, un amparo que no existió.
Prefirió también al día siguiente obligarme, persuadirme, convencerme para ir a los juzgados y retirar la denuncia. Chantaje emocional, por supuesto, el habitual, el normal en estos casos, al que yo, con 18 años accedí sin saber exactamente lo que me estaba pasando, sin saber en que clase de familia me habían obligado a permanecer desde niña.
Esta cicatriz no es mas que una marca de fabrica, marca de la familia, de esas que todos ven pero solo tu sientes, porque sabes su identidad, conoces su origen. Y en ese origen está esa familia cómplice que no me protegió de un abuelo pederasta, que a día de hoy, siguen silenciando y pretendiendo silenciarme por esos abusos que casi destrozan mi vida.
Cicatrices físicas, cicatrices psicológicas, cicatrices emocionales, al fin y al cabo, cicatrices de un acto vil y cruel, monstruoso y desgarrador al que pocos quieren mirar cara a cara pero por el que muchos luchamos todos los días de nuestras vidas.

"CADA ABUSO QUE EVITAMOS, SON MUCHAS VIDAS QUE SALVAMOS"
Ambar IL.