"TESTIMONIO DE DANIELA, OTRA SUPERVIVIENTE DE ABUSOS SEXUALES EN LA INFANCIA"


Daniela me ha pedido que publique su testimonio. 
Es otra superviviente que rompe su silencio. Que grita al mundo. 
Que cuenta su historia para que la sociedad sea consciente de que los abusos no son un "olvídalo, ya pasó".
Los abusos sexuales dejan secuelas que modifican tu vida para siempre.

"Soy Daniela. 
Tengo 30 años, y sufrí  abusos sexuales por parte de mi padre de los 7 a los 17 años. 
El silencio, mi silencio, su silencio, el silencio o la ignorancia de los hechos de mi madre, el silencio de la maestra que vio mis cambios y me cito para preguntarme porque había cambiado mi letra, que estaba mas desprolija. El silencio que callo mi anorexia nerviosa, mis cortes, mis vómitos provocados y no provocados que alcanzaban para mi para decirlo con el cuerpo porque lo necesitaba. El silencio de no haber podido hablar. No podía ni quería hablar. ¿Qué pasaría si hablara? 
Me atormentaba la vergüenza de decirlo, de que la gente lo sepa, de que al mirarme vieran a una chica que tiene sexo desde los 7 años. La vergüenza de ser juzgada. La vergüenza del “¿Por qué no lo frenaste? ¿Por qué dejaste que te tocara? ¿Por qué dejaste que te violara?” 
Porque eran preguntas que yo tampoco me sabia responder. Porque no sabia que podía frenarlo. Porque lo tenia tan incorporado el hecho de que esto pasara y de que el era el que mandaba que sentía que así tenia que ser, que el calvario no pararía nunca a menos que me muriera (o me suicidara). Simplemente mi cabeza había aprendido a disociarse en aquellos momentos para no sufrir. Pero sufría. Quería morir. O desaparecer. Ya no lo se. 
La vida para mi no existía, ni buena ni mala, no existía, no era nada. Yo era un ente, un objeto sin vida.

Lo conte a los 25 años tras un intento de suicidio al que seria mi psicólogo, Paolo, la primera vez que lo vi. Ya nada me importaba.  
Estando internada por varios intentos de suicidio, sin avanzar, intentando morir dentro de la misma institución, el me dijo que teníamos que contárselo a mi mama. No quería, no quería para nada. Como reaccionaria? Me iba a creer? De la vergüenza no podría volver a mirarla a la cara. Hicimos sesión los tres, y di vueltas para decirlo, presionada por Paolo para hacer algo que era necesario hacer. Mi mama lloro, se fue con mi tía, lo enfrento a mi papa. Y el lo negó. Negó todo. Lloro desesperadamente. El había hecho mucho por mi. Había sido un padre presente, que me amaba. ¿Por qué paso todo esto? ¿No se acordaba? ¿No era consciente de lo que hacia? ¿Del daño que me hacia? ¿De la confianza que fui perdiendo de el? ¿De como mi vida se apagaba cada vez mas? Preferí creer eso. Que el no era consciente. Que el sufría (o sufre) el hecho de que yo diga semejante cosa, porque el no seria capaz (porque no recordaba que fue capaz). Porque estaba enfermo. Porque creía que esa era una forma de darme amor…Tal vez. Ya no sabia que creer.

Salí de la internación varios meses después, y recibí mi diagnostico de trastorno limite de la personalidad, con el que convivía desde la adolescencia y aun convivo.

Todo volvió a la normalidad. Solo que yo era una planta, y apenas podía charlar con el. A veces me trataba dulcemente, y a veces me acusaba de tratarlo de abusador, de mentirosa. Años después le admitiría a mi psicóloga Yanina que si, que ella me creía. Pero a veces pensaban que tal vez estaba peor de lo que pensaba, que había alucinado todo. Pero “me creía”. Ella le dijo que ella distingue el discurso de una psicótica de alguien que fue abusado. Nos dijo que fuéramos a tomar un café a la salida, y me pregunto  si quería pedirle algo a mi mama. Solo pedí que no habláramos del tema. Y no lo hicimos. Era demasiada la vergüenza que sentía.

Me alquile un departamento y me mude sola a capital de Buenos Aires, lejos de zona sur donde vivía. Ya trabajaba, ya era independiente. Pero iba a casa de mis padres frecuentemente. Y me prohibieron ir. Por seis meses. Porque mi papa me había tocado otra vez. 
Fue un episodio fugaz, le reste importancia a pesar de que llore mil lagrimas por ello. 
Volver fue extraño, los dulces tratos que siempre había tenido conmigo, su hija “favorita”, mezclados con reproches, acusaciones, y  terribles desprecios por parte de mi papa, me dolían en el alma.
Por momentos se dispararon pesadillas y flashbacks, cesaban y volvían a desaparecer, descompensándome emocionalmente. 
Y en mi vida laboral y como estudiante. Porque había decidido ser psiquiatra y estoy haciendo el curso superior de especialización en psiquiatría. Por algo será, no?

Siento que empiezo a sanar, a paso de tortuga. Que empiezo a tomar las riendas de mi vida, las riendas de mi propia persona. Es difícil. Lo que pasó sigue presente como una aguja clavada en el pecho que no puede extirparse, que no me mata pero me duele. Que a veces hasta me olvido que esta ahí, y de repente vuelve a doler, vuelvo a sentirla. 
Estoy sanando. 
Hace cuatro semanas no voy a casa de mi mama. Mi papa enfermo gravemente y esta postrado en casa. Fui a verlo, charlamos, necesitaba hablar con el tranquilamente, contarle de mi vida… En cierta forma mostrarle que lo perdone, que a pesar de que duele, ya no le tengo odio ni rencor. Creo que es asi. Pero me di cuenta de que el tiempo pasa y me hago la tonta evitando ir. A pesar de que extraño a mis perros, a mi mama, a mi hermana. Tal vez a el, no lo se. Es muy confuso para mi. 
Tal vez por evitar esa confusión es que mejore mucho estas semanas. Adopté una perrita para que me haga compañía, para poder darle a alguien el amor que quiero dar.
Para poder recibir ese amor que necesito a veces. Para tener compañía. 
Ahora puedo dormir en paz. 
Elegí contar esto, para mostrar como se vive los abusos. Para dar mi testimonio. Porque tal vez a alguien le sirva sentirse identificado. Porque me sirve a mi para sanar y decir lo que en otro momento no pude decir. Para mostrar la soledad que vivimos. 
Para que esto no vuelva a pasar".
Daniela. 

"CADA ABUSO QUE EVITAMOS, SON MUCHAS VIDAS QUE SALVAMOS"
Ambar IL.