Puede que sea una debilidad el no hablar, tolerar, soportar y no atreverte a reivindicar cuando te sientes atacado, humillado, menospreciado. Esa pequeña gran "debilidad" no creo que venga adquirida de fábrica; se forja con las experiencias, con los años, con la vida y sus acontecimientos.
En otro momento pasé de una etapa en la que no toleraba siquiera una mirada a otra etapa en la que prefiero callar para no entrar en polémicas ni discusiones. Quede constancia que me gustaría muchas veces contestar, me gustaría poder aplicar el tan famoso y socorrido "aprende a decir no", ser asertiva. Pero sucede que a las personas víctimas de abusos esta empresa nos cuesta muchísimo. Esta "debilidad" se queda adherida en tu mente, en tu forma de actuar pegada, cuál cola extradura de la más fuerte y de ahí no la mueves. Es complicado perder ese hábito, es muy, muy complicado.
Sinceramente y a pesar de parecer tonta, débil o permisiva, o simplemente como dicen, con paciencia, prefiero mi actitud actual, ya que aunque no sea la adecuada para mi salud emocional, me evita confrontaciones, discusiones y peleas. Soy consciente que después me llevo la ira no resuelta a casa, para mi "yo" interior, y eso también me pasa factura, y soy también consciente de que lo prefiero por miedo, por ese miedo arraigado que duerme en lo más profundo de mi alma. Pero todo esto que te guardas te pasa.
Es esta quizá una reflexión banal, pero sinceramente los que conocen estas situaciones saben de qué estoy hablando y de la impotencia que se siente. Tendríamos que poder llegar a un término medio, sería lo ideal a nivel emocional y psicológico, pero es tan sumamente difícil. Anhelo poder conseguir un equilibrio que nos permita regirnos con un mínimo de dignidad, sin tener que agachar la cabeza siempre. Sinceramente, no sabéis cuanto me gustaría.
"CADA ABUSO QUE EVITAMOS, SON MUCHAS VIDAS QUE SALVAMOS"
Helga F Moreno